El Salto, un emblemático monumento hidráulico construido en 1933 como parte del Canal de Aguas Claras procedente del Pantano de Puentes, se encuentra actualmente en un estado de abandono que contrasta con su valor histórico y simbólico para la ciudad de Lorca. Diseñado para reducir la velocidad del agua de riego en su descenso desde el cerro hasta la ribera del río Guadalentín, el monumento fue durante décadas un punto de encuentro y referente para generaciones de lorquinos. Sin embargo, tras su puesta en desuso y la modernización de tramos del canal, El Salto permanece vallado, rodeado de basura y en progresivo deterioro.
Según la Plataforma del Paisaje, que ha presentado un escrito en la sede electrónica del Ayuntamiento para su recuperación, el abandono institucional de este tipo de enclaves patrimoniales es un problema recurrente en Lorca. La Diputación de Río alberga otros espacios de gran valor, como un yacimiento paleontológico de relevancia mundial en Serrata, un conjunto minero con arquitectura del siglo XX y un acueducto del siglo XVIII. Sin embargo, la falta de inversión, el desinterés y el elevado costo de su restauración han impedido su recuperación.
El Salto no es un caso aislado. En 2019, el Partido Popular, entonces en la oposición, presentó un ruego en el Pleno del Ayuntamiento solicitando su restauración a petición de los vecinos. Esta iniciativa, sin embargo, no ha tenido seguimiento. La situación ha sido reivindicada en distintas ocasiones, incluso durante el pregón de las fiestas de río, donde la pregonera de este año, Mari Gracia, vecina y maestra jubilada del Colegio Juan González, incluyó en su manifiesto la petición de «cuidar del medio ambiente» y «restaurar El Salto».
La Plataforma del Paisaje destaca que la recuperación de El Salto no es una utopía. Se propone retirar la basura, ajardinar su entorno, instalar paneles informativos y crear una ruta ecoturística desde La Peñica hasta el enclave, atravesando el valioso bosque de ribera del Guadalentín. Esta iniciativa, según la plataforma, tendría un costo relativamente modesto y generaría un impacto social, ambiental y patrimonial significativo.
«Resulta paradójico que una tierra que presume de haber desarrollado una de las huertas más eficientes de un territorio semidesértico gracias a una extraordinaria cultura del agua, permita el abandono de una infraestructura que simboliza precisamente ese legado», señala el texto. La Comunidad de Regantes, las empresas del sector agrícola y el Ayuntamiento podrían colaborar en una inversión que dignifique este elemento patrimonial y homenajee una de las obras que hicieron posible el desarrollo del regadío lorquino.
Mientras no se actúe, El Salto seguirá formando parte del creciente listado de monumentos arquitectónicos olvidados de Lorca, deteriorándose lentamente y alejándose de las generaciones futuras. La pregunta sigue siendo la misma: ¿será este el momento de recuperarlo o continuará esperando?
