Lorca, 5 de junio de 2026. En las vísperas de la celebración de la Procesión del Corpus Christi, el balcón principal de la Casa Consistorial y las Salas Capitulares de la antigua Colegial de San Patricio, en la Plaza de España, se convirtieron en el escenario de la convocatoria con el Toque de Ministriles y Clarineros, una tradición del último tercio del siglo XVIII. El alcalde, Fulgencio Gil Jódar, presidió la tradicional invitación del cabildo civil y el eclesiástico, un ceremonial que los investigadores sitúan como el antecedente de los Desfiles Bíblico Pasionales.
Según el alcalde, esta ceremonia “es un ritual en las vísperas de la celebración de la Procesión del Corpus Christi que los investigadores sitúan como el antecedente de los Desfiles Bíblico Pasionales”. La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que en la antigua usanza del siglo XV se celebraba en jueves, tenía lugar su víspera el miércoles. La primera noticia documentada de esta festividad en Lorca data de 1472, en tiempos del reinado de Enrique IV, y puede considerarse el antecedente del Cortejo Bíblico, según el pintor e investigador Manuel Muñoz Barberán, quien destacó en su prólogo de *Cofradías y Hermandades Pasionarias en Lorca. Análisis Histórico Cultural* que “certeramente señala a las fiestas del Corpus como auténtica raíz de estas figuras vivas que forman el principal núcleo de los desfiles procesionales de la Lorca de hoy”.
La tradición establece que a las doce del mediodía de este viernes se cumple a rajatabla el protocolo. El repique de las campanas de la torre campanario de la antigua Colegial fue el inicio del ritual, con tres intervalos en los que los clarineros del concejo tocaban invitando al clero secular, a cuyo toque respondían desde la sala capitular de San Patricio los ministriles, aceptando la invitación. Antaño, al terminar el segundo repique de las nueve de la noche, se iniciaban los festejos populares, con la plaza y el edificio municipal iluminados con faroles de aceite.
En la mañana, se formaba la procesión en la plaza, con el concejo “en forma de ciudad”, precedido por los cornetas, interpretando el Toque de Cabildo, hasta llegar a la puerta del templo por el “carrerón”, donde eran esperados por los Ministriles, que, al cesar las cornetas, los recibían con un toque peculiar de violines, requinto, flauta o clarinete. Seguían a los corneteros los mazeros, escribanos del Ayuntamiento y el Pendón Real, portado por el alférez mayor.
La procesión dejó de celebrarse por la mañana en el siglo XIX, según el Memorial de 1836, debido a la baja asistencia por ocupaciones domésticas y la molestia del sol, que afectaba a la salud pública. En el itinerario de entonces, se extendía regaliz y otras hierbas olorosas, y la procesión transitaba por las calles del Águila, Corredera y “sube en derechura por la calle del Arquillo a la Caba”. En el trayecto se levantaban cinco altares, uno por cada comunidad de religiosos establecida en la ciudad, y se hacían multitud de arcos triunfales, algunos de gran valor artístico. Los altares correspondían a los conventos de la Merced, Virgen de las Huertas, Santo Domingo, San Francisco y San Diego, siendo gratificados por el Concejo. En las cuentas de 1819 se le pagaron a cada uno 750 reales.
La celebración en jueves llevaba consigo un antiguo dicho popular: “Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Christi, y el día de la Ascensión”. Las constituciones de la antigua colegial, ordenadas en 1720 por Luis Antonio de Belluga y Moncada, el cardenal Belluga, mandaban que el cortejo fuera de cumplimiento obligatorio, saliendo por la puerta principal de la antigua Colegial de San Patricio, transcurriendo por Selgas, pasando por el convento de Santa Ana y Magdalena de Clarisas (monjas de abajo), continuando por la Plaza del Ibreño hasta subir a Zapatería, y obligación de que pasara por el convento de la Consolación de las Madres Mercedarias (monjas de arriba), y desde allí hasta la Plaza de España para regresar a su templo.
Tras el terremoto de mayo de 2011, el itinerario ha variado en diversas ocasiones, pero probablemente el próximo año podría recuperarse en parte el recorrido “de cumplimiento obligatorio” que dictaminó el cardenal Belluga, dejado sin uso para esquivar el andamio y las obras de la calle Selgas y las “cicatrices” del seísmo. El Santísimo irá en una custodia de orfebrería italiana de finales del siglo XVIII, desfilando en carroza de 1950, coronada por un templete que data de 1947 y fue restaurado en 2000.
Entre las tradiciones desaparecidas están los cánticos de las cuadrillas de ‘despertaores’ de la Aurora, que cantaban esta copla dedicada a “La Gloria”: “Al entrar en la plaza de Lorca, / en sus balcones repara y verás, / aquel cuadro de tanta hermosura, / que son las personas de la Trinidad, / pues no hay que dudar: / Padre, Hijo y Espíritu Santo; y estas se encierran en Uno no más”. En aquel entonces, no faltaba una escolta militar abriendo el cortejo.
El Toque de Cabildos y la Marcha de Ministriles, recordó el alcalde, “datan del último tercio del siglo XVIII. Integran el **Himno Oficial de la Ciudad de Lorca
