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Mercedes Luján tiende puentes entre el pasado y el presente del flamenco

agosto 3, 2021

La guitarrista lorquina interpretó con un instrumento de forma antigua melodías que sonaron a nuevas en el Museo Arqueológico de Granada

Mano de hierro en guante de seda. O más bien al revés, mano de seda y toque de hierro forjado. Así se puede clasificar la ejecutoria de la lorquina Mercedes Luján, quien anoche llenó con su arte una hora de la noche granadina –afortunadamente, más fresca– en el interior del Museo Arqueológico, donde ofreció un recital en el marco del V Festival Internacional de la Guitarra. Luján mamó el flamenco desde la cuna, ya que viene de una estirpe de conocidos artistas flamencos. Su padre fue el maestro Palmita y su madre, la cantante de copla Rosa María Luján. Pese a su juventud ya ha acumulado una biografía importante, en la que por ejemplo ha acompañado a artistas como Rocío Márquez, Pedro 'El Granaíno' o Juan Valderrama. También ha actuado junto a cantantes de otros estilos como India Martínez o Luis Aguilé. Además, acaba de publicar su primera grabación, 'Ahora o nunca'.

Desde el primer acorde, el público percibió que se hallaba ante una guitarrista contundente, seria. De hecho, el comentario general es que, probablemente, nos encontremos ante la guitarrista flamenca que más garra, acompañada del sentir necesario, pone a sus interpretaciones. Tras comenzar el concierto con una soleá en la que primero evocó al os maestros antiguos para, a renglón seguido, derivar hacia una interpretación contemporánea donde incluyó una parte de composición propia, su primera intervención vino a reivindicar, precisamente, su escuela. Una escuela que arranca con su abuelo, gaditano criado artísticamente en el modo jerezano, el cual, por otra parte, ella pasea orgullosa.

El siguiente palo que salió de sus manos fueron unas alegrías, al 80% compuestas por ella, y ejecutadas con un aire gaditano que empezó en mi mayor y moduló a la mayor. Sus picados y rasgueos sonaron con la fuerza necesaria para reivindicar la esencia de este palo, teñida sin embargo de contemporaneidad. Aquí saltó una cuerda, propiciando un 'impasse' que sirvió a la artista para mantener un pequeño coloquio con el público, quien le aseguró de viva voz que era la única mujer que habían oído tocar. Ella aprovechó para recordar que al principio tocaba la guitarra a escondidas, y que su abuelo se fue al otro mundo dándole las gracias por haber continuado con su trabajo.

Lo siguiente fue remitirse a sus ancestros, a la zona del levante de donde proviene, para ir interpretando diversos palos como la taranta y el taranto, para terminar con tarantos de composición propia. La guitarra, jerezana y de las que llaman 'de palillos' –es decir, sin tornillos en las claves– le dio más de un disgusto, dadas las dificultades de afinación, a las que se unía el calor reinante. Con todo, se la vio suelta en todo momento, con el sentimiento y el aire justo en la interpretación, sin alharacas. con ganas de agradar.

Vinculación granadina

El siguiente brindis sonoro de la guitarrista fue para Granada, una ciudad de la que se declaró ferviente admiradora, tanto de sus calles como de sus artistas. Y por supuesto, de los tangos, «que como en Granada no se tocan en ningún sitio». Igualmente, recordó que esta ciudad le había abierto las puertas en plena pandemia, permitiéndole grabar el disco del que anoche interpretó algunos temas.

En este punto, comenzó a tocar, precisamente, unos tangos, que tuvieron un prólogo en forma de rondeña. Este palo sonó en sus manos con un deje muy contemporáneo. No en vano, la práctica totalidad de las notas eran composición propia. Cabe destacar el uso medido pero igualmente contundente que la guitarrista lorquina hizo del rasgueo, incitador al baile, y de los capirotazos. Sus salidas, con acorde corto final, tienen ese sabor del que la nueva generación de artistas flamencos suele gustar.

El homenaje a la ciudad que anoche acogió a la guitarrista continuó, como no podía ser de otra forma, por granaínas. Un palo que en sus manos fue quieto en algunos momentos, desbocado en otros, como un corazón henchido de buena música y arte.

La última parte del recital comenzó a ritmo de rumba. Una rumba que, precisamente, anoche estrenó, y de la que hay que destacar su arrojo a la hora de interpretarla sin ayuda de percusión alguna, sin que por ello perdiera un ápice de sonoridad. La bulería 'Ahora o nunca', el 'single' que da título a su disco, y una estupenda nana que también estrenó en solitario supusieron un gran broche final.

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